Me enamoro y me volvería a enamorar cada día de mi vida si en las paredes de mi castillo pudiera colgar todas las obras de Merab, todas, hasta las que están medio borradas. me despertaría con las legañas pegadas y como primera cosa me encontraría con el leopardo durmiente enfrente de mí. que siento que sería un poco mi animal espiritual, o mi compañero, o mi consejero, que en un mundo mágico, si pudiera hablar y si fuera más listo que un dios, lo elegiría como compañero de vida.

Leopard. Tempera on plywood, 2003 © Merab Abramishvili

Silk Road. Tempera on plywood © Merab Abramishvili

The Leopard of Rudraprayag. Tempera on plywood, 2000 © Merab Abramishvili
Merab era de Tbilisi y se murió en 2006 con cuarenta y nueve años que no son nada, y pintaba sobre yeso para que los cuadros parecieran paredes de iglesia viejas, paredes con humedad, con el color comido y ese amarillo un poco sucio como las paredes de las casas de quien se pasa toda la vida fumando sin abrir las ventanas. Pero dentro hay leopardos que duermen enroscados como mis gatos cuando se les mete el frío, pavos reales, un león bastante feo que se cree el rey de todo, que es un poco como ver a un señor mal peinado salir de casa en Madrid y llamarte guapa desde el otro lado de la calle sin acercarse, mujeres con faldas tan grandes que te podrías esconder debajo para echarte la mejor siesta del mundo, ángeles que se deshacen, y muchas muchas plantas, y flores, y arboles, que a mí me encantan, y siempre me sorprendo de cuántas maneras hay de honrar la belleza de la naturaleza a través de nuestras manos y de los colores que cada ojo prefiere percibir.

Sunflower. Tempera on plywood, 1997 © Merab Abramishvili



women, details, tempera on plywood © Merab Abramishvili

lion, tempera on plywood, 1995 © Merab Abramishvili



dancers, tempera on plywood © Merab Abramishvili


dog rose – blackberry, tempera on plywood © Merab Abramishvili
y en mi castillo, que cada uno puede visualizar como quiera, que puede ser una habitación o una mansión de mil metros cuadrados, donde todo lo cuidaré y el lugar me cuidará a mí, donde ningún cachito de pared se me caerá encima, donde nunca más tendré polvo en el pelo, yo seguiré enamorada, ojalá siga enamorada, ojalá no se me pase nunca, el amor por el arte y las cosas bonitas y las cosas románticas y las cosas preciosas y las cosas mágicas.

Hell. Tempera on plywood, 1988 © Merab Abramishvili

Paradise. Tempera on plywood, 1995 © Merab Abramishvili


300 Aragvian Warriors. Tempera on plywood, 1997 © Merab Abramishvili

Gabriel. Tempera on plywood, 2004 © Merab Abramishvili
y a veces me pregunto qué sentía Merab mientras pintaba todo esto, si también él se despertaba por las mañanas y se quedaba mirando las cosas un rato largo sin hacer nada, si también él se enamoraba de un árbol o de un leopardo o de una señora con la falda enorme, y pienso que sí, que no se puede pintar así sin estar un poco enamorado, y entonces me doy cuenta de que esto no va de tener un castillo ni de tener pasta para comprarlo todo, va de mirar, de saber mirar, y de dejar que lo que miras te toque un poco por dentro. y no sé si es un don o si es algo que se aprende o si se pierde con los años, ojalá no se pierda, pero hoy por lo menos me siento afortunada, qué afortunada estoy de tener ojos para ver y corazón para entender la magia y el amor y las rarezas y las bellezas que me rodean, las que cuelgan en las paredes y las que no cuelgan en ningún sitio, las que veo con los ojos y las que veo con mis visceras.

Flower. Tempera on plywood, 2005, © Merab Abramishvili
Todo el material fotográfico lo he sacado de aquí: merababramishvili.com/works · © Merab Abramishvili
un beso x
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